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Historia 18

Por qué Krishna camina descalzo

Vrindavan es una tierra sagrada y espiritual donde cada rincón está lleno de la dulce melodía de la flauta de Krishna. Una suave brisa trae el aroma de los lotos y de los árboles de kadamba en flor.

En este maravilloso lugar las vacas son consideradas un gran tesoro. Las alimentan con jugosa hierba, las adornan con guirnaldas y las llaman con nombres cariñosos.

Las vacas suelen ser cuidadas por pastores más grandes, mientras que los niños pequeños solo pueden pastorear terneros.

Cuando Krishna cumplió seis años, madre Yashoda y padre Nanda Maharaj finalmente le permitieron pastorear no solo terneros, sino también vacas.

Con este motivo se organizó una gran celebración, un verdadero festival. A Krishna le regalaron una flauta, un cuerno de pastor, un bastón y una cuerda para cuidar a las vacas.

Madre Yashoda también le hizo regalos especiales: unos pequeños zuecos de madera con las puntas curvadas hacia arriba, decorados con flores, y un hermoso paraguas de colores.

Krishna (sorprendido):

Mamá, ¿para qué necesito un paraguas y estos zapatos?

Yashoda:

Estos zuecos te ayudarán cuando pastorees las vacas. Protegerán tus delicados pies de las espinas y de las piedras. Y el paraguas te protegerá del fuerte sol.

Luego Yashoda miró seriamente a Balarama.

Yashoda (con seriedad):

Balarama, tú eres el hermano mayor de Krishna. Debes cuidarlo. Sostén el paraguas sobre él y asegúrate de que siempre use los zapatos.

Krishna (sonriendo):

Mamá, gracias por los regalos, pero no usaré esos zapatos y tampoco necesito el paraguas.

Yashoda (sorprendida):

¿Cómo que no usarás los zapatos? Vas a caminar por el bosque, entre piedras y espinas. ¿No quieres proteger tus pies?

Krishna:

Mamá, si quieres que use estos zapatos, entonces tendrás que dar a cada vaca un par de zapatos para cada pata.

Yashoda (asombrada):

Pero Krishna, ¡tenemos casi novecientas mil vacas! ¿Cómo podría hacer eso?

Krishna:

Y también habría que dar a cada vaca un sirviente con un paraguas para protegerla del sol del mediodía. Ellas caminan por los mismos caminos y bajo el mismo sol que Yo.

Yashoda:

Pero ellas son animales. No necesitan zapatos ni paraguas.

Krishna:

¿Cómo puedo usar zapatos sabiendo que los pies de las vacas no están protegidos de las piedras y espinas? Si no puedes darles zapatos a todas, entonces Yo tampoco usaré zapatos. Mamá, mi deber no es cuidarme a Mí mismo, sino cuidar a las vacas. ¡El dharma protege a quien protege el dharma! No te preocupes, todo estará bien.

Yashoda (con amor):

Cuídate, mi niño. Mira bien por dónde caminas y descansa a la sombra de los árboles cuando el sol esté fuerte.

Cuando las vacas supieron que Krishna había decidido caminar descalzo, por la noche salieron de los corrales y con sus fuertes pezuñas y sus duros cuernos comenzaron a romper todas las piedras.

Vacas:

¡Vamos! Rompamos estas piedras y convirtámoslas en polvo suave para que los pies de loto de nuestro querido Krishna no se lastimen.

Las vacas fueron por los bosques de Vrindavan pisando las piedras hasta convertirlas en polvo.

Krishna (alegre):

¡Miren! Ahora el suelo es suave como mantequilla batida. Mis queridas vacas cuidan de Mí, y Yo caminaré descalzo como quería.

Yashoda (aliviada):

Oh Krishna, qué maravilloso. De verdad estás rodeado del amor de todos los seres.

Desde entonces, la tierra suave de Vrindavan, como mantequilla batida, cubría amorosamente los pies de loto de Krishna, mientras las vacas caminaban felices a su lado escuchando la dulce melodía de Su flauta.

Así el amor y el cuidado llenaron todo Vrindavan, convirtiéndolo en el lugar más hermoso de todo el universo.